Retos de ser estudiante en línea
El cambiar la dinámica clásica
de dependencia de estudiante con respecto al profesor a ser uno propio gestor
de su aprendizaje supone un gran reto. El método clásico es pasivo y fácilmente
realizable por cualquiera. El nuevo método supone que debe ser uno quien busque
el espacio físico y temporal para poder avanzar. De uno depende el ritmo,
aunque siempre apegado a periodos de entrega de actividades. Es precisamente
eso el mayor atractivo de la educación en línea: uno decide cuando entrar a un
aula virtual y adquirir los conocimientos que vayan emanando de las actividades allí planteadas. El inconveniente del método presencial es el de ajustarse
estrictamente a un lugar y un horario rígido. Dichos elementos no los poseemos
muchos, dado que tenemos jornadas de trabajo, el hogar u otros proyectos y
actividades que nos harían imposible asistir a un aula física.
El cambiar la dinámica clásica
de dependencia de estudiante con respecto al profesor a ser uno propio gestor
de su aprendizaje supone un gran reto. El método clásico es pasivo y fácilmente
realizable por cualquiera. El nuevo método supone que debe ser uno quien busque
el espacio físico y temporal para poder avanzar. De uno depende el ritmo,
aunque siempre apegado a periodos de entrega de actividades. Es precisamente
eso el mayor atractivo de la educación en línea: uno decide cuando entrar a un
aula virtual y adquirir los conocimientos que vayan manando de las actividades ahí
planteadas. El inconveniente del método presencial es el de ajustarse
estrictamente a un lugar y un horario rígido. Dichos elementos no los poseemos
muchos, dado que tenemos jornadas de trabajo, el hogar u otros proyectos y
actividades que nos harían imposible asistir a un aula física.
Por supuesto, para lograr esto,
es necesario adquirir previamente otros conocimientos y destrezas que nos
permitan hacer frente al reto de la educación en línea. La principal destreza,
fuera del aspecto tecnológico que supone usar una computadora, es el del
autoaprendizaje. Para ello, se requiere una actitud activa, pues uno se
convierte en responsable de la propia educación. El alumno en línea debe
convertirse en un ser comprometido con su diario aprender, consciente de sus virtudes
y limitaciones, capaz para solicitar ayuda y adoptar una actitud de colaboración.
El alumno no es solo recipiente del conocimiento. Ahora debe ser capaz de
criticarlo, de buscar el mismo el saber, de ampliarlo si se desea. Es la adquisición
de la actitud de investigador un reto importante de adoptar, pues es el
estudiante quien va a por el conocimiento, y ya no al revés. Es por ello que también
supone adoptar una forma de estudiar autónoma y autogestiva, es decir, es uno
mismo quien va construyendo su educación. Dicha educación va encaminada al
entendimiento de lo que se aprende, no solo de su memorización.
Otra ventaja de la educación en
línea vendría a ser la diversidad cultural que puede estar presente en un aula
virtual. Ya no estamos inmiscuidos únicamente con sujetos de nuestro entorno
inmediato. Ahora participamos en actividades que implican personas de diversos ámbitos
sociales y culturales. Eso debería enriquecer el acto de aprender.

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